La poesía no puede ser explicada, de serlo termina en el campo del ensayo.

martes, 23 de noviembre de 2010

El texto como objeto percibido.

El texto como objeto percibido.JesRICART

Las construcciones gramaticales no engañan aunque la intencionalidad verbal juegue en el campo contrario a lo que se revela inconscientemente. En el modo de armar las oraciones y encadenarlas se hace algo más que expresar un relato, se expresa la propia personalidad del relator. Hay excepciones a eso cuando la normatividad lingüística pasa por la estandarización de la forma hasta tal punto que no hay diferencia entre un hablante y otro. Recuerdo el tono y énfasis del “¡sí, señor!” del recluta al cadete, sin que hubiera diferencias entre aspirantes a galones o licenciarse cuanto antes. De las formas de hablar los hablantes dedican/mos gran parte de conversaciones y reflexiones. Hasta es posible que una tentativa temática se llegue a otro campo completamente imprevisto. Octavio Paz en su ensayo-poético, por clasificarlo de alguna manera, El mono gramático en su antepenúltima página dice: “ahora me doy cuenta que mi texto no iba a ninguna parte, salvo al encuentro de sí mismo. Advierto también que las repeticiones son metáforas y las reiteraciones son analogías: un sistema de espejos que poco a poco han ido revelando otro texto”.

De un tema propuesto, el que sea y dónde sea, las derivas colaterales a las que da a lugar proporciona una sucesión de temas y hasta nuevas virtudes que pueden incluso superar la propuesta original. En disculpa de navegantes dispuestos a explorarlo todo apartándose de la ruta planeada es que la ambición de aprender va en detrimento de consolidar lo aprendido pero antes o después Ulises vuelve a Penélope. Si alguien no vuelve a la ruta, al tema eje, se corre el riesgo de que la exploración se eternice. Metafóricamente el viaje intelectual pide el auto-recordatorio continuado del marco en el que se está hablando y corregir el sesgo de ir al oquedal eludiendo el bosque enmarañado por las inconveniencias de tantos vericuetos y matojos. La tendencia discursivo-espontánea tiende a lo fácil (el cerebro es biológicamente vago), la necesidad de conocer obliga a rediseñar el proceso de intelección. Por momentos, sensorialmente presumimos de estar pisando firme cuando en realidad solo estamos sobre una restinga puntual. Bucear bajo la superficie proporciona el retrato de otra verdad no esperada y reajustar la impronta de la primera percepción a otras informaciones más severas.

El proceso de intelección (aprehensión de los datos) es pulsátil: no todo lo percibido pasa a una codificación infalible, en realidad nada de lo percibido pasa a ser infalible; es como mucho una estimulación para formar una sensación, que con otras podrá contribuir a definir un cuadro aproximativo lo más fiel posible de aquello que los sensores reciben. El cuerpo humano con toda su dote biológica magnifica no deja de ser una especie de radar que detecta un objeto en su campo sensorial del que aprecia unas cuantas características pero no todas. Cada animal percibe las cosas de manera distinta según sus prestaciones fisiológicas. En esos apercibimientos, cuantos más detalles se alcancen a discriminar del objeto sensorializado mas se podrá decidir de qué se trata y cómo reaccionar ante ello. Eso es lo que permite resultados tan opuestos como encontrar aliados o salvarnos de peligros.

Los textos y/o las palabras (que ya han sido definidos como tantos otros objetos a percibir además de entender) generan prevención o implicación según las autodefensas psíquicas del observante. Como que no hay situaciones ideales, en las que todos los observantes concurrentes participen con la misma intensidad de dedicación al tema que los aglutina: la cuantificación de observaciones sumadas crece exponencialmente pero no por concurran criterios o ideologías muy diferentes sino porque se parte de métodos distintos y en particular de exposiciones distintas a lo observado.

Tomemos una situación en la que un numero n de participantes (cuya cifra exacta se desconoce ni es necesario propósito alguno para conocerla), convocados en torno a un tema (que puede ser el de averiguar como hablamos los hablantes o estudiar cómo se perciben las palabras)inserta en un agregatorio de opiniones las docenas o cientos que puedan ir surgiendo pero con una atención desigual en su lectura y asi mismo desigual en su comprensión, el resultado matemático lógico de complejidad va a añadir al factor de la pluralidad de las opiniones mismas el de la suma de todos los que participan aportándolas sin haber leído todas las de los demás, con lo cual el espacio para la incomprensión ira in crescendo a pesar de que para una parte de la conversación la lucidez sea la recompensa de quienes la conecten. Eso que parece complicado no es tan difícil de entender: quien llega como espectador a la mitad de la película no se entera ni de la mitad, si encima renunciar a ponerse al día de qué va la historia hay escenas que no se llevará nunca en su memoria, resultado: se habrá medio enterado. Pues bien, esa semipercepción de los estímulos es uno de los hechos más llamativos. Por brillante que sea el equipo sensorial del individuo sino barre con el todo lo que hay no se entera de la realidad. El periscopio tiene que hacer un giro de 360 grados para advertir si hay barco enemigo en el horizonte.

Lo que se percibe de cada palabra por citar un objeto aparentemente simple pero que puede tener más de una acepción y por tanto de comprensión, es una cosa u otra según la actitud de sujeto. Para los (que somos) cegatos no es la palabra inasible por densa lo que desactiva (los chinos venden gafas para la presbicia a menos de 3€) sino una actitud resistente no concienciada al objeto mismo. Un objeto aparentemente maqueado, con un look de portada y que quita el aliento como si de una mundaria con las medidas más ensoñadas con libre accésit se tratara, no tiene porque ser lo más conveniente, aunque a primera vista puediera ser lo más deseable, al comprobar que percude lamentablemente lo que exhibe. El objeto, todo objeto en principio dentro del orbe de la tridimensionalidad, también en el de la bidimensionalidad si se insiste en decir que una grafía no tiene ni textura ni volumen y que es plana (todas y no solo las llanas), tiene su interés, su función y hasta su atractivo, aunque depende de cada sujeto que lo admire, utilice o lo encuentre.

Los diagnósticos de todo tipo (de los mercados financieros, de la salud corporal, del estado del inmueble, de la victimidad vial,…) además de basarse en análisis no se resisten a las percepciones que son las que los dejan fuera del umbral estrictamente científico la mayoría de ideas que se presentan o son tomadas como aseveraciones.

Eso nutre las actitudes ambiguas en las que las declaraciones bajo encabezamientos del tipo yo afirmo/yo niego son escasas por temor a la equivocación o por temor al conflicto con los declarantes de sentencias opuestas. Dado el relativismo de lo verdadero y lo falsable, siendo que las verdades son ocasionales y lo que parecían no-certezas contribuyen a exactitudes, dar por definitivamente válido y exclusivo un punto de vista particular sobre una cosa remite a la soberbia. De otro lado, la cancha en la que cabe todo en la que se incluye Ramón de Campoamor con su famosa conclusión “y es que en este mundo traidor, no hay verdad ni mentira: todo es según el cristal con que se mira” deja al observador en la permanente inseguridad filosófica. Sí hay verdades y mentiras y fronteras muy delimitadas entre las unas y las otras, pero también hay un sofismo dispuesto a darle la vuelta a todo y hacerlo aparecer como lo opuesto a lo que es. Lo que nos pasa es que hay un lenguaje que mezcla continuamente la parte con el todo y el adjetivo valorativo para un conjunto está en contradicción con otra para una de sus partes. Puedo admirar la belleza de alguien a bordo de una anatomía con una deformidad de un pie varo y un pulgar valgo que como parte puedo juzgarla no estética y como parte de un conjunto, tal como digo ni siquiera advertible y en todo caso sin incidencia alguna para que destituya mi actitud al conjunto. Bien mirado eso nos pasa con todos los objetos percibibles: una parte de cada estimulo puede ser rechazada y contaminar injustamente el resto, o admirada y aceptar negligentemente el resto. Pasa con productos culturales complejos o puede pasar con cada objeto doméstico que evaluación de su estética puede ser postergada sine die al priorizar su utilidad.

lunes, 22 de noviembre de 2010

La desmitificación de la isla desierta

La desmitificación de la isla desierta.

Cuando uno se enfada con sus semejantes y deplora la civilización en la que ha nacido y en la que con toda probabilidad va a morir evoca la isla desierta como una especie de paradigma de la felicidad. La historia que cuenta Robert Zemeckis en Náufrago (2010) hace cambiar esa idea. Un ejecutivo de alto nivel cuyo trabajo le lleva a viajar a sitios remotos es el único superviviente de un accidente aéreo. Empujado por la marea llega a una isla pequeña y perdida en medio del océano. Para cuando escala su punto más alto confirma lo que ya temía que es el único humano que hay. Los primeros días de supervivencia son de continuas tentativas frustrantes para lo mas elemental: conseguir abrir cocos para comer y beber, conseguir pescar o -lo más importante- conseguir hacer fuego. Va consiguiendo adaptarse muy lentamente a su nueva situación. Lo más desesperante es que está solo. Para cuando ve un destello de luz en medio de la noche (no queda claro si es un barco que pasa aunque da las intermitencias de un faro) y trata de ir hacia aquel punto con el medio bote neumático salvavidas que le queda el fuerte oleaje le hace zozobrar. Esa experiencia le marca para no intentarlo de nuevo hasta después de pasar 1500 días en el lugar. Todo este tiempo consigue pasarlo creando un amigo ficticio: Wilson. Wilson es una cara que ha dibujado con la mancha de su mano ensangrentado sobre un balón de woleibol. Es su único compañero. Lo repinta cuando con el paso del tiempo se ha deslucido. Este balón y otro puñado de enseres de la bodega del avión llegan a la orilla y le sirven para su supervivencia. Pasa un cierto tiempo sin abrirlos por el pudor de violar propiedades ajenas. Gracias al filo de metal de unos patines de hielo consigue mejorar su situacion considerablemente. Los meses van pasando sin que nadie venga en su auxilio. Lo único que diferencia los días los unos de los otros es la climatología.

En cierto momento llega una plancha de fibra o plástico de algún casco. Se pone a trabajar para construir una balsa y para esto fabrica mas de cien metros de cuerda que trenza a partir de tiras de vegetales. Su compañero de viaje es Wilson que le hace de mascarón de proa. El momento mas emotivo es cuando tras una noche de tormenta cae al mar y él al tratar de rescatarlo tiene que decidir entre volver a lo que queda de la balsa o “salvarlo”. Al fin, un carguero pasa y lo rescata después de estar unas 500 millas a la deriva.

La siguiente parte de la historia es la de su regreso al mundo civilizado, al mundo ordenado. Llega como un héroe y además como un resucitado ya que tras cesar el periodo de búsqueda se le dio por muerto. El día de su recibimiento, su compañera (que ya se ha casado con otro y es mamá) va al aeropuerto pero no se atreve a verlo. Él sin embargo va hasta su casa a visitarla en medio de la noche y los dos saben que siguen queriéndose. Los dos se quieren pero la situación es completamente diferente, él en un gesto moral muy americano, hace que vuelva a casa en lugar de estar juntos para comentarse todo lo sucedido durante tanto tiempo. Con un par de preguntas y comentarios queda todo resumido.

En las miradas de Tom Hanks, el protagonista, hay que inferir si lo que está pensando el personaje es que le valdría más no haber salido de aquel rincón de mundo. Se enfrenta a tener que ser “resucitado” legalmente y a reintegrarse en un mundo cuya velocidad de la que se hizo cómplice fue la causa responsable de su naufragio. El reencuentro con su antigua compañera no supera la ternura que tiene con esa imagen inerte que pintó en el balón.

Es una de esas películas que te hace pensar lo que harías si te pasara algo semejante. El aislamiento total lejos del orbe conocido y organizado saca del ser humano el primitivismo del que creía estar lejos por su refinamiento cultural (algo de lo que William Golding ya habló). Recupera y trata con sus propios sentidos de un modo diferente. De otra parte todo lo que uno quiere del mundo no son sus miles de millones de personas sino a una persona, una sola persona, que la hace de significante mayor y de auxilio con la que poder soportar el resto. ¿qué le hubiera pasado a un náufrago -o qué les pasa a los náufragos- si hubieran compartido su aislamiento del resto del planeta con la compañía de alguien a quien se quiere? Ese es otro relato.

En la isla desierta las leyes de la naturaleza son las que mandan, el individuo de talante mas libre se debe a su conocimiento riguroso para no perecer. Con las manos y con el ingenio para el uso de los recursos naturales puede conseguir abrigo, algo con lo que escribir o dibujar, alimentos pero no para desarrollar una tecnología y un confort suficientes. A lo más, la que conseguirá sera una rudimentaria para construir algo con lo que escapar del aislamiento.

Tras su fase de adaptación y la separación de la pareja (todo un acto que remite a la escenografía moral estadounidense) para no descolocar la nueva familia que tiene ella (hay un mensaje subyacente de que la familia es lo más sagrado, mas que el amor incluso) el personaje se va un remoto lugar del país para entregar uno de los paquetes de cartón de cargo-exprés que nunca abrió. Llega a un sitio semidesierto y paradisíaco, una granja en medio de una gran extensión donde no hay nadie. Deja el paquete en la puerta con una nota afirmando que esto le salvó la vida. (inexplicablemente ese paquete ha sobrevivido a toda su aventura por mar, un gazapo del argumento que se puede pasar por alto). Heredar esa encomienda de entrega es otro de los detalles del argumento de sentirse parte de la humanidad.

Tras dejar el paquete en un cruce de caminos sin asfaltar consulta su mapa por donde seguir. Una chica con su camioneta se detiene para orientarlo. Durante un rato piensa hacia donde ir hasta que opta por volver tras los pasos de ella que se supone que va a la granja donde ha llevado el paquete. Escena muy romántico, muy bonita, en la que todo queda insinuado con sonrisas. .

domingo, 21 de noviembre de 2010

La idea de la vida comunita(ria)

La idea de la vida comunita(ria) JesRICART

( Interesadas/interesados en participar en un proyecto de este tipo podemos ponernos en contacto: 0034 610600691)

La idea de vivir en grupo como alternativa al modelo clásico de familias (las numerosas y patriarcales) pero también alas neo familias (de las nucleares a las mono parentales pasando por las homosexuales) es una de esas ideas que ha rondado en ambientes críticos cuando menos desde su mitificación por las tentativas hippies o desde antes con ensoñaciones virgilianas buscando espacios extraurbanos para ubicar experiencias neorrurales. Ha sido mas una idea que mencionar que un proyecto puesto en práctica salvo en algunos países con personas con mayor capacidad de implicación. Casi todoas hemos pasado por el desajuste entre nuestros discursos políticamente radicales y severos análisis de una sociedad rechazable y nuestras dificultades en conseguir acuerdos orgánico-colectivos para poner en marcha proyectos autogestionarios. Por lo general las dificultades recogidas con las convivencias a pequeña escala (a menudo de solo dos personas compartiendo un mismo espacio y vinculadas sentimental y económicamente) eran un factor suficientemente disuasorio como para intentar otras a escala grupal de una cierta magnitud. La experiencia de estas -que no han faltado- tampoco significa la superación de los pequeños feudos de las parejas o de familias con su cobijo reunidas con otras. La verdad es que la vida comunera en toda la extensión de este concepto (convivencia compartiendo los mismos recursos, sin propiedad privada ni del espacio ni de los medios y con la liberación del amor no siendo nadie amo de la sexualidad de nadie así como sin gurús ni jefes dogmáticos) ha tenido siempre mas de deseo ilusionario que de realidad sostenida a través del tiempo (de los años y de las vicisitudes). Como cromo del deseo sigue siendo válido, como proyecto hay muchos datos que lo posponen, no ya el proyecto sino ni siquiera la elaboración de uno.

Sin embargo, la idea de la vida en comunidad sigue teniendo un halo de utopía por el supuesto de que se configuraría como cuna para un nuevo tipo de relaciones humanas y espacio educacional libre para quienes nacieran en su seno. Teniendo en cuenta que la generación nacida en torno a 1975 y la nacida en torno al cambio de milenio, han reaccionado la una en contra del pasado de sus padres y la otra-aunque es temprano para condenarla a una etiqueta- viene al mundo con todos los defectos de estar marcados por la abundancia (a pesar de los cantos lúgubres a propósito de la crisis del 2008 en adelante) los movimientos florecientes desde la innovación pueden ir mas por el lado de los reforzadores del narcisismo (en praxis diversas de todo el arco artístico) que no en opciones anti individualistas.

Quienes nacimos en torno a mediados del sigloXX, unos viejos ya para esas otras dos generaciones que nos siguen (cronológica aunque no ideológicamente), enfrentados a la tercera edad inminente, con demasiados tiros pegados y muchos más recibidos, de guerras en las que no matamos ni morimos pero en las que sí peleamos y confrontamos y mucho, sabiendo que unoa no puede esperar mucho de sus hijos si los tiene ni quiere ser una carga para ellos ante la experiencia de la decrepitud o de los límites físicos crecientes; refractarios a las formulas residenciales implementadas por las instituciones o por el mercado privado de las residencias para la tercera edad (muñecas atadas a las butacas para proteger a uno de sí mismo ¡horror!) la idea de intentar compartir los últimos años existenciales con colegas y compañeros de estancia más o menos elegidos y de ondas parecidas es una idea deslumbrante. Es una edad en la que problemas fantasmales que se tienen en la década de los 20 (como de qué vivir por ejemplo) para una iniciativa comunera autogestionaria, ya no se tienen (quien más quien menos tiene su pensión asegurada, sus caudales en el banco y su/s propiedad/es). Tener la vida asegurada en lo material como sabemos no lo es todo y por otro lado los espacios privados nunca ofrecen todos los beneficios de una realidad infraestructural de mayor calibre. Otro factor no menos fantasmal: el de la intimidad compartida, o quien es de quien, deja de ser un factor de presión . Muchas personas después de sus experiencias de soledad, de no intimidad compartida pero no dispuestas al aislamiento, viven dando por acabada su historia de sexualidad y lo que más quieren es la compañía, el afecto, la deferencia, la ayuda en caso de necesidad y la sinergia como criterio de cooperación. Tenemos pues grupos de gente con el grueso de sus biografías hechas, sin esperanzas de futuro desde que ya llevan mucho viviendo en un futuro que no se cumplió según sus sueños, con talante creativo para seguir teniendo iniciativas y dinamismo, y lucidez mental suficiente para no acabar como súbditos de auxiliares de clínica o de acompañantes domésticos puestos por los hijos (que sisan en los cambios o hurgan en los monederos y en los cajones), con visiones progresistas y amamantados por una u otra de las leches de las lobas de la utopía; que bien podrían/mos desear pasar los últimos años de nuestras vidas en comunidad (¡para contarnos batallitas no por favor!, para veladas conversacionales y comunicativas lúdicas, sí, ¡para paseos y la lujuria de los sentidos que nos quedaran, aun mermados, también!).

Las razones económicas y materiales para que se crearan asociaciones de este tipo no son difíciles de aceptar. La diferencia entre que lo hagan empresas especializadas en ello a hacerlo por cuenta propia pasa por un acuerdo de un suficiente número de personas con seriedad en sus compromisos y con solvencia para apoyar económicamente los acuerdos pactados.

Comprar entre varios una extensión de unas cuantas hectáreas donde ubicar espacios privados (bungalows o casas de madera o hábitats funcional-estéticos donde cada cual tenga su lugar) y espacios comunes no es complicado. Es encontrar quienes quieran hacerlo con capacidad de riesgo sin gestos temerarios. Para convertir esta idea en proyecto significa tomarla como una constante diaria en los siguientes años. La vida comunitaria no significa que sea comunista (todo de todos), posiblemente no ha nacido todavía el ser humano psíquicamente preparado para ser capaz de ser un residente en una realidad de este tipo. Lo mas que es dado como grupo es hacer algo próximo teniendo en cuenta que los recursos humanos que llegaran –nosotros- no son de primera calidad ni hay una ideología (doctrina o credo) que lo tenga todo tan previsto como para que fusione a todos con todos en esta idea. Las organizaciones comunitarias que mejor funcionan son las monacales y como sabemos son estructuras jerárquicas con rigideces inamovibles en las que los roles se supeditan los unos a los otros. Puesto que no queremos nada parecido sino un espacio de libertad y flexibilidad sin por esto tener que pasar constantemente por el caos o el desorden un proyecto de este tipo debería ser discutido no solo en los menos detalles sino asegurado desde la empatía y confiabilidad reciproca de los participantes, lo que pediría convivencias previas puntuales y no solo encuentros de reuniones formales.

Quien han pasado por experiencias convivenciales compartidas en regímenes comunitarios de los muchos tipos que hay se supone que deberían estar más preparados que quienes solo han pasado por convivencias típicas de familias y/o parejas cerradas y mucho más preparados que quienes hayan vivido la mayor parte de sus biografías en soledad en sus hábitats privados.

Las propuestas de grupo mueven a fantasmagorías, en particular cuando se trata de implicar recursos económicos o de renunciar a la seguridad de un espacio individual. Estadísticamente la opción de vida solitaria (lo que tampoco significa aislada: el mundo está repleto de invitaciones estimulativas a las que se puede ir y compartir a diario con otros singles) no para de aumentar. Sin embargo desde la soledad la mayor parte de las cosas parece que quedan fuera de casa y que otras se pierden por no compartir. La vida comunitaria además de las ventajas infraestructurales que ofrece a un menor costo de media por persona participativa es una apuesta para enriquecer las experiencias individuales.

Muchos estudios sugieren la interacción social y la vida activa como parte del movimiento excitatorio para vidas más longevas y de mejor calidad. Eso no se corresponde con una defensa en paralelo de formas comunitarias de convivencialidad como tampoco con la crítica al modelo obsoleto de la familia, algo totalmente antagónico para una visión utópica de una sociedad capaz de maximizar su convivencia desde la desprivatización. Estamos tan lejos de eso que comentarlo está fuera de lugar, sin embargo crear un espacio de convivencialidad comunita que tenga por eje la idea de vivir una vida más digna y no solo el mutuo apoyo por razones materiales es muy importante.

Para hacerlo, además de los asuntos estrictamente legales en relación a la propiedad patrimonial debería articularse una garantía para que los herederos particulares de cada cual no pudieran parcelarlo. De otra parte, lo más interesante podría ser crear una razón de ser propia del lugar como espacio de cultura o incluso como un referente de convivencialidad autogestionaria con un nivel de vida medio alto en el que no faltara ningun tipo de recurso ni material ni asistencial.

sábado, 20 de noviembre de 2010

La victimidad ineludible

La victimidad ineludible.JesRICART

La condición de víctima nos alcanza a todoas antes o después. Aunque la percepción de los terribles sucesos que acaecen cada día “es cosa de los demás”, una mínima reflexión lleva a concluir que eso mismo pensaba esa parte de los demás creyéndose inicialmente invulnerables a la tragedia. Una tragedia es todo revés de suficiente envergadura que frena la libertad de acción e impide seguir el curso de la vida porque un factor imperativo lo sabotea. La tragedia está más relacionada con causalidades externas pero no siempre es así (la negligencia también ocasiona tragedias: dejarse la vela encendida o el pitillo sin apagar y provocar un incendio doméstico). La causalidad externa es lo que coloca el factor de daño en otro que no sea la víctima sino el causante del daño de ésta.

La civilización está basada en unos rigurosos patrones de aceleración donde su ritmo frenético no es atenuado por muchos que sean los peligros. La velocidad urbana no se detiene por duras que sean las consecuencias. En 1928 King Vidor ya presenta esa crítica. En La multitud (The crowd) la niña pequeña de una pareja newyorkina que lucha por sobrevivir en la gran ciudad es atropellada al atravesar la calzada. Durante su agonía en la habitación el padre pide desde la ventana silencio a los que pasan con sus griteríos (el vendedor de periódicos y otros) hasta que baja para pedirle a la multitud ruidosa que no grite en deferencia a su pequeña. Un policía lo llama “al orden” diciéndole que no se va a detener el mundo por las aflicciones de su casa.

La calle como vía de tránsito se divide en dos sectores claramente diferenciados: el de los peatones y el de los automóviles. Se trata de dos territorios contiguos con misiones completamente diferentes y que remiten a velocidades de desplazamiento muy diferentes. Las maquinas no pueden meterse en el territorio peatonal ni los peatones pueden meterse en el territorio de aquellas. De hacerlo, en ambos casos, siempre hay quien resulta perjudicado con lesiones sumamente graves o pagándolo con la vida. De las noticias continuas de victimidad, la de tráfico sigue siendo la más constante. Conductores o no, los habitantes de la modernidad tecnológica sabemos que las probabilidades de accidente por usar transportes rodados nos afectan en un índice u otro. El margen de maniobra biográfica ha de contar con la inclusión en la probabilística de la fatalidad. Semanalmente estamos al corriente de las victimas de tráfico, también lo estamos de las mujeres muertas a manos de sus partners o expartners, de algunas guerras también se nos da el balance numérico de los muertos, y de catástrofes llamada naturales (huracanes o desbordamientos) también estamos al día. De los muertos por suicidio, silencio total; otras estadísticas de mortandad relacionadas con malos hábitos de trabajo y de alimentación, también hay bastante silencio. La discriminación estadística está extendida al campo de la muerte e indirectamente al de la vida al substraerle el conocimiento de las autenticas verdades sobre la causalidad de aquella.

Durante la mayor parte de la historia del automovilismo a las muertes en carretera se les llamó accidentes. No ha sido hasta recientemente que se contempla la criminalidad por la conducción indebida (bajo efectos etílicos, por apuestas de rallys o manejar contra-sentido). Para que haya una víctima o se produzcan víctimas no es necesario que concurra un criminal que busque personalizarla. Hay irresponsables que devienen criminales aunque esa no fuera su intención lo mismo que negligentes que se convierten en víctimas de sí mismos que no buscaban serlo pero que lo fueron a causa justamente de su negligencia.

Aparentemente nadie se propone para estar en las coordenadas de ser víctima pero resulta que hay un tipo de personalidades más propensas que otras a serlo. También hay un tipo de profesiones que propician los roles de los victimarios que por inconsciencia o desconocimiento se prestan a ser eslabones dentro de procesos de malignidad que ocasionan daños a terceros. Gwen Olsen en Confesiones de una excamella de drogas R-X habla de su experiencia como profesional cualificada del medio farmacéutico que arremetiendo contra esta industria: una de las más florecientes en relación a otros sectores de la economía USA que dopa a una considerable población: 44millones de individuos con psicótropos. Propone la autoeducación a la vez que insiste en el concepto de desorden versus al de enfermedad. Gracias a informes como el suyo de individuos que estuvieron del lado de la antiética y que subordinaron la verdad a sus beneficios o a su ranking curricular para posteriormente arrepentirse por no poder continuar como cómplices de situaciones sin escrúpulos, se confirman que las críticas contra el sistema y sus productos fraudulentos van en una buena dirección.

Vivir en sociedad, eso que era prometido como la panacea para el auxilio interindividual de las vicisitudes ante los retos existenciales, se ha convertido en el primer de los peligros. Desde que el otro es visto como un potencial enemigo en lugar de cómo un potencial colaborador los miedos a la cooperación, a la alianza y a la asociación para compartir proyectos ha crecido. Eso ha inaugurado otra época para la victimidad puesto que una víctima potencial autopreventiva para no serlo toma medidas de precaución que pasan por su auto victimización en tanto decide no poder confiar en nadie.

Sea por factores hirientes de origen externo o por cálculos autoprotectivos de origen autógeno la víctima social se configura como el perfil dominante del humano moderno. Eso representa un salto conceptual cualitativo en relación a una definición más clásica en la que para que se diera una víctima tenía que haber un causante dado. La criminología en la novela policiaca simplifica las cosas. Para Witold Gombrocicz la novela policiaca es un intento de organizar el caos. La búsqueda del criminal es una ghimkhama atenta a las pistas hasta descubrir el responsable de un asesinato. En la vida real, saturada de transacciones comerciales y servicios, la figura del criminal como individuo singularizado, se diluye en un conjunto de eslabones que subdosifican la responsabilidad de un error. El comerciante que vende un producto defectuoso, de imagen impecable y retórica excelente, buen padre y que guarda las fiestas de guardar, hincha de su club y buen marido (todo ello sacado de la cantera de los adjetivos-cliché) no se ajusta al perfil del criminal de película, el observado por ejemplo por el personaje de James Steward en La ventana indiscreta. El criminal por definición es el que no le tiembla el pulso a la hora de asesinar o de pactar productos altamente contaminantes que puedan ocasionar enfermedades a miles o millones de personas. Sin embargo, la diferencia entre el criminal mafioso (el del crimen organizado) o el criminal a sueldo o que es capaz –se dirá que en su desesperación- de atravesarle el corazón a una empleada por la recaudación de la caja y el criminal implícito no intencional ha empantanado a las administraciones de justicia en callejones sin salida y a los juristas en discusiones interminables.

Rastrear el acto criminal lleva las cosas mucho más lejos en el tiempo que la evaluación de una situación en la que haya victimas. El proceso en el que desencadena una situación de victimidad puede empezar a mucha distancia geográfica y temporal. Cuando los terremotos desmoronan unas casas (con menor cantidad de cemento en su construcción porque alguien sisó las proporciones para beneficiarse tal como ocurrió en Izmit, Turquía en agosto de 1999 con más de 17mil muertos (cifra proporcionada por el gobierno) no consta que hubiera nadie que les hubiera disparado o que hubiera ido a sus casas a dinamitarlas, sin embargo todo un proceso anterior de construcciones de habitáculos mal planteadas formó parte del problema. Es muy distinto atribuir en exclusiva la victimidad a causas naturales a hacerlo a la alianza entre éstas y la negligencia profesional. En los terremotos en los que no se caen todos los edificios cabe inferir que los que están mejor construidos resisten a un movimiento sísmico.

Hoy día la negligencia es algo tan presente en la vida cotidiana y en los consumos más elementales y primarios que ir de compras, en particular de consumos de tecnología sofisticada, es correr el riesgo de caer en trampas. Un producto cuanto más complejo es menos fácil es evaluarlo, al menos en una primera toma de contacto sensorial. Se ha instaurado además un tipo de compra por catálogo incluso cuando se va in situ a un comercio y vende lo que representa una foto sin tener en su almacén el artículo pedido. Comprar por diferido a no ser de qué se conozca el producto es siempre un riesgo. La victimidad comercial es una de las más constantes y la legislación que no para de precisar normativas para reducirla garantizando la cualidad de servicios y artículos no aspira ni siquiera a acabar con ella. Siempre aparecerá el ultimo tipo no virtuoso que confundirá el gran negocio de su vida con estafarnos a los demás.

Las cosas se han puesto de tal manera que una parte importante de los productos comprados, un alto porcentaje dejarán de funcionar bien en el primer año u ocasionarán gastos de tiempo para acogerse a su garantía. Como que el criminal queda enmascarado por una especie de mano difusa de la firma de una empresa, ni él se siente como tal ni la sociedad tiene los mecanismos de corrección imperativa para que no siga cometiendo fraudo sistemático. Desde luego hay distintas formas de victimidad y categorías de víctimas: no es lo mismo ser asaltado a mano armada en una esquina a ser engañado por el comerciante con un producto que en tanto que no es su fabricante no asumirá la responsabilidad de que no funcione.

Las formas fraudulentas de trato es de tal magnitud que en cualquier lugar donde rige la corrupción como moneda de cambio diario (y la mayor parte de África y una buena parte de Asia están aun contaminadas con ella) que de todo y con todo se victimiza a quien se puede (los padres que van a adoptar niños a Camboya son las víctimas propiciatorias para burocracias e intermediarios y los cooperantes que van a África a ayudar con su solidaridad son extorsionados por policías). En una definición extensa de victimidad no hay nadie que pueda declarar alto y con firmeza que no lo es desde el momento en que sufre los engaños informativos y las deformaciones mediáticas además de recibir los pelotazos de las trolas de sus políticos o gobiernos de turno. En una definición intensa: las victimas peores son las que no pueden contarlo. Por suerte quedamos otras supervivientes que heredamos la voz de quienes ya la perdieron para siempre porque están muertos. Me gustaría compartir la tesis de Joan Subirats[1] acerca de la globalización de las resistencias y la solidaridad entre gentes y pueblos como un hecho patente que le lleva a concluir que un nuevo relato está en marcha. Demasiado triunfalista bajo mi punto de vista. Sí hay relatos en marcha de que hay mucha energía volcada para arreglar los desaguisados y males del mundo ocasionados por otros, pero son historias en las que vienen mezcladas procesos contradictorio: lo que una mano arregla la otra mano de la misma persona desmonta. El mundo no se divide en criminales y víctimas de un modo tan nítido, como tampoco es una división acertada la de buenos-malos sino que anda escindido en actos que propician la criminalidad (aunque se cometan dentro de la legalidad) y otros que nos dejan indefensos como víctimas. Por supuesto hay un reparto de las situaciones: siendo que unos son más propensos a la victimidad y otros a ejercer roles de victimarios. La idea estrecha que configura un cuadro tópico de una víctima así inequívocamente definida por recibir la agresión de otro igualmente claramente definida por su agresión (el marido que apuñala a su pareja por ejemplo) no se corresponde con la mayoría de situaciones de victimidad. Un simple impuesto de sucesiones elige a unos (los herederos) como victimas sobre aquello de lo que por biografía ya vienen siendo posesionarios y a lo que en muchas ocasiones han contribuido como patrimonio familiar, mientras que otros más conocedores del percal se las ingenian para evitarlo por otros vericuetos legales.

La criminología por su función se encarga del acto inequívocamente lesivo y se le escapa la mayoría de situaciones criminógenas que si bien directamente no atacan a la victima son factores cómplices de convertirla en tal por eso se queda en deuda con la victimología que estudia un espectro de mayor amplitud de variables distinguiendo las discriminaciones propiciatorias de los desarreglos sociales con los actos lesivos sucediendo la paradoja que la misma categoría de acto violento puede ser justo o injusto según si es causal o autodefensivo.

La perspectiva de la victimidad potencial está tan arraigada que forma parte del cuadro de miedos con los que la sociedad educa a sus vástagos. Psíquicamente antes de que un sujeto pueda llegar a ser en el curso de su biografía víctima de un tercero puede serlo de sí mismo o por su entorno familiar con excesos preventivos que le generan inseguridad permanente. Anna Freud (Le moi et les mecanismes de défense) trató de hacer el inventario de los mecanismos de defensa. Además de la sublimación, considerada como tópica, ella encuentra 9 procedimientos (la represión, la regresión, la formación reactiva, el aislamiento, la anulación retroactiva, la proyección, la introyección, la autoagresión y la conversión en lo contrario.) mediante los cuales el enfermo se defiende y que al combinarse determinan los diferentes tipos de neurosis. Como se ve, cada una de estas conductas son muy conocidas y rastreadas en los diversos tipos de personalidad dentro de una civilización llamada normal. Neurológicamente Raty Dolan encontró que la amígdala está involucrada en la mediación inconsciente de las respuestas emocionales aprendidas, cuando ni siquiera es sabido si ha sido visto al amenazador. El temor fantasmático es un hecho que ocasiona autovictimidad. Un exceso de prevención no solo no ayuda a ir contra lo que se previene sino a crear un daño mayor protegiendo a los individuos de sí mismos condenándolos al déficit de su potencialidad de creatividad. Así como un cierto tipo de orfandad y falta de caricias provocar el déficit de crecimiento (Spitz en L´hospitalisme demostraba como todo abandono puede provocar déficits fisiológicos) la inoculación del miedo al peligro además de no prevenir de este desencadena un enanismo mental con la condena a la inseguridad crónica.

De las dos clases de victimización, de una es directamente responsable el medio con sus trampas y fraudes, sus psicópatas y homicidas y de la otra los intermediarios entre el sujeto a proteger y el medio del que protegerlo. El sujeto por si mismo se ajusta a conductas aprendidas aunque bien es cierto que hay temores instintivos (a los ruidos, a los excesos de luz y calor o a los cambios bruscos corporales). En cuanto al primer grupo no todos quienes hacen daño a otro tenían la intención ni habían previsto hacerlo pero acaban matando por unas monedas o produciendo lesiones físicas irreversibles. Se ha ensalzado mucho algún tipo de código de honor de alguna clase de criminales o de clanes. Lo cierto es que el que ataca, roba, mata es una figura prototípica que está presente en todos los ecos y literaturas. Contra ella hay suficiente prevención, en cambio uno está totalmente desarmado ante el equipo quirúrgico al que se acude por una rinoplastia y se termina el resto de la vida con una parálisis total por negligencia profesional. En este caso la victimización se extiende más allá del sujeto afectado en cuanto que ha sido gravada su familia por el pago de las costas del juicio y dejando exonerado al profesional responsable de todo ese dolor. El gradiente de victimidad es tan complejo y extendido y la impunidad es tan absoluta que una víctima sabe que tiene pocas oportunidades legales –en el caso de que sobreviva al crimen- de hacer valer sus intereses e incluso teniéndolas queda comprometida toda su vida y la de su entorno.

Los tres tipos de victimidad hasta ahora referidos (la agresión externa incluida la legal, la preinscrita en el código cultural y la autoagresión) permiten enfrentarla de una forma más coordinada y eficaz partiendo de las conexiones entre ellas y de su covariación desde la posición predisponente de sufrir en una desde la concurrencia del sufrimiento en otra. Lo cierto es que hay factores de predisposición al peligro así como los hay a la autolesión involuntaria. Estudiar la recurrencia de causas endógenas y su conexión con las exógenas debería permitir hacer cálculos de reducción tanto de la victimidad como de la criminalidad.



[1] Catedrático de ciencia política de la UAB.

Notas al Otro. Notas personalizadas.

Notas al Otro JesRICART

Desde antes de empezar un dossier agrupando notas de carácter breve a una pequeña gran multitud de contactos tenía la hipótesis –casi a categoría de clarividencia- de que la comunicación interhumana estaba condenada al fracaso, que en su mayor parte estas notas no desencadenarían un feed back y un intercambio de otras posteriores, ni siquiera un acuse de recibo mínimo, protocolario y cortés. Que esas notas quedarían como tantas letras metidas dentro de botellas de náufrago que no llegarían a parte alguna o si lo hacían sus posibles lectores no sabrían qué hacer con ellas. A pesar de eso opté por empezarlas y por seguirlas como una especie de book itinerante por todos los temas posibles con una prosa explícita y original. Cuando menos dejaría por resultado otro libro de comentarios quirúrgicos e incisivos, pertinentes o no pero construidos como respuestas a los muchos ítemes que el océano de las letras proporciona. Para llevar a término tal empresa solo necesitaba contestar a las cosas que me llegaban con distintos temas a mi correo electrónico o a las ventanas internáuticas a las que me asomaba.

Mucho tiempo antes, en la era predigital, ya había intentado reunir las notas breves generadas a partir de pequeños comentarios dados a mano para no molestar en el curso de reuniones presenciales, o notas dejadas en buzones por visitas fallidas. Su exigüidad no daba para crear un volumen, la navegación internáutica abrió esa posibilidad, casi la determinó. La nota corta (de, a veces, una sola línea) predomina por encima del texto extenso. La epistolaridad ha dejado de ser un arte practicado y el cibernauta exprés no tiene una atención tan aguda y ni tanto tiempo como para leer. Su perfil dominante es el del buscador de informaciones específicas por las que todo lo demás le sobra y le molesta. Tal vez la figura del lector reconfortado que disfruta de la lectura pertenece a un clan en extinción. Sin embargo siguen existiendo escritores y se siguen editando libros, tantos que sospecho que ese boom está disociado de la estadística de lecturas. Ese arco de especificidad de la búsqueda cibernáutica debería detenerse en la nota breve que dice algo útil para pensar aunque no proporcione los datos de una quiniela ganadora por anticipado. Pues bien, no es así. La mayoría de lecturas no saben qué hacer con las ideas ocurrentes. Las dejan pasar de largo la mayoría de veces, siendo el silencio lo dominante, y con ese silencio quedando las claves de interrogatorio flotando en el aire. De tarde en tarde alguien confirma que sí hay lecturas pero faltando respuestas suficientes que den lugar a un encadenado discursivo. El resultado son muchas notas unilaterales –en su mayor parte- que no llevan muy lejos en el debate o ni siquiera a construir sesiones de comentarios. Infiero que hay más prisa por desentenderse del ítem que por comprenderlo. La nueva sintomatología del estrés se manifiesta con la saturación de estímulos.

De esa saturación proviene el reclutamiento de zombies en un mundo en que se tiene de todo pero en el que sigue faltando lo más básico: la sintonía con los demás. En el mejor de los casos cuando se da esa sintonía se privatiza y se blinda ante otras injerencias. Cada nota a un otro no es una nota de ayuda ni se constituye como una demanda de auxilio, en cuyo caso podría ser explicado el cierre comunicativo a falta de altruismo y solidaridad, sino que son comentarios analíticos, sugerencias, unidades mínimas de debate. A pesar de eso la indisposición, mezclada con incapacidad, para compartir una conversación fluida es notoria. Se intentará justificar que eso es así por las dificultades que aun experimentan los cibernáuticos con el teclado o por las que tienen los recién iniciados a la informática. No es verdad y no se trata de una mentira piadosa. El bloqueo es tal que asusta pensar la degradación pensante existente. En eso de pensar se invierte poco y la literatura misma no es atractiva para muchos ni siquiera para una parte de quienes se ponen a escribir.

La idea de la nota breve intenta demostrar que no es cierta la tesis de que la lectura no se da cuando se trata de textos largos con sintaxis enrevesadas. Sea cual sea la magnitud del texto si lo que contiene es algo rupturista con el modo expresivo y el decir dominante lo más probable es que se instale un bloqueo o una desazón.

Durante la mayor parte de mi vida escritora se me dijo de distintas maneras culturales y en varios idiomas que la gente no estaba preparada para rollazos ni para textos largos, que la capacidad lectora estaba tristemente disminuida. Lo está pero no por las longitudes ni por las densidades. A veces bastan un par de oraciones conjuntadas de una manera no habitual y con una idea antes no leída para que saque fuera de juego a quien da con ellas y se autodescarta para entenderlas. El problema es doble: de capacidad intelectual y de motivación personal. ¿Para qué empeñarse en entender algo para lo que no se está motivado? parece preguntarse el inconsciente colectivo, si lo hay.

Cuando inicié las notas sospeché que por muchos cientos o miles que fuera añadiendo en los siguientes años., esa hipótesis de la incomunicabilidad no iba a ser desbancada. Incongruentemente iba a seguir con ellas porque esas notas le debían mucho a quienes se dirigían ya que fueron motivados por enunciados o actitudes de su parte. Cada nota, en realidad cada texto, en cualquiera que sea la cuantía de expresión, debe su existencia a aquello que trata de responder. La mano autora es el eslabón ingenioso intermediario pero por mucho que sea muy genial necesita de la dosis estimulativa mínima para ponerse a trabajar (inventar o juntar palabras). Estoy al principio de estas notas personalizadas (22mil palabras en unas 50 páginas para unos 250 destinatarios) pero es suficiente para validar la hipótesis de la no-respuesta en su sentido más importante: la del no-debate, la de la no continuidad en el desarrollo de las ideas expuestas. Hay algo mas esta tesis se confirma en la práctica extensión de variables sociales no importando el origen, el idioma, el estatus económico, la formación universitaria o no, o la capacidad intelectual. El deseo de participación en el debate en espacios incluso en espacios articulados para ello choca con el monto real de su práctica. Las intervenciones quedan sin responder o no son respondidas suficientemente en un buen numero de situaciones. Demostrándose en soportes escritos de participación plural (sites con foros o plataformas internáuticas con encadenados de mensajes) lo que ya se sospecha en los espacios de conversación oral en los que un grueso mudo parece seguir y entender todo de lo que se habla. La comprensión total nos toca dejarla en su hipótesis sin confundir el deseo de que realmente lo sea con su alcanzabilidad limitada.

Son razones extralingüísticas las que afectan a la comunicación no subscribiendo su fluidez, tampoco su ambición extensivo-temática. La sentimentalidad y los cálculos de peligrosidad por meterse en según qué conversaciones por las tomas de postura no autorizadas a las que den lugar están en el substrato de la indisposición, unas veces concienciada y otras como actitudes totalmente inconscientes. El hecho de que un ítem no promueva ninguna respuesta conocible o que llega a quien lo haya colocado no significa que no haya respuesta alguna. Seguramente muchos mensajes (repartidos desde slogans en las paredes a libros en circulación pasando por notas concretas) tienen su impacto sin que ese impacto se traduzca en una reacción hacia la autoría que se lo haya producido. De otro lado muchos encadenados de intervenciones respectivas no aseguran para nada un progreso ni en la información ni en la formación. Teresa Cabré, directora de las Oficines Lexicogràfiques, sostiene que no se puede jugar al intercambio continuo de opiniones porque ello es equivalente a una partida de pingpong.

La necesidad comunicativa busca en el fondo el amparo comprensivo pero la comprensión es un tesoro que no depende de la demanda sino de quien pueda concederla y no todo el mundo está capacitado para ella. De hecho, un perfil absolutamente comprensivo con todo lo que sucede en el mundo es un ideal. El sabio (la hipótesis del sabio) que es quien se supone sabe más también puede ser quien se granjee más enemigos por las envidias que suscite y por la imperdonabilidad del lado de los ignorantes, que son mayoría, al no aceptarle que sepa más que ellos.

El saber no se instaura por protocolos democráticos de una mayoría fallando una tesis en contra de una minoría sino que existe independientemente del quantum de seguimiento que se apunte. En cuanto a las palabras si bien se forman con los signos del alfabeto y todo el mundo alfabetizado está al tanto de ellas también requieren de ingenio imaginativo y de pensamiento creativo para producirlas dándole un cuerpo con sentido. Con las palabras los hablantes siempre estaremos en deuda, gracias a ellas nos hicimos y conseguimos expresarnos, más que eso: conseguimos descubrirnos y revelarnos. Luis Landero, escritor extremeño en Entrelíneas: El cuento o la vida. dedica una hermosa carta de amor a los libros y de agradecimiento a las palabras. De las palabras podemos estar hablando continuamente añadiéndole más sonoridad y grafías a su ilimitado universo. En cualquiera de sus formatos expresivos se combinan entre ellas no dejando en realidad nunca solo cada ítem. En cualquiera de sus formatos (desde el slogan en la pared hasta el texto acabado) su poder de mensaje existe aunque la respuesta no sea manifiesta. La nota personalizada hace sus efectos a pesar de que no figure dentro de estos un okay ni se le espere. No sabernos si el mundo del futuro o en qué momento del futuro los hablantes van a ser mas deferentes y serios entre ellos, por el momento queda reconocida el habla como una necesidad subjetiva a pesar de que no se vea correspondida con lo que se espera que otros hablantes hagan con ella. El hecho de que las notas incluso personalizadas no den lugar, en la mayoría de los casos, a largas e interesantes conversaciones ni a debates consistentes y que eso pase en todos los ámbitos indistintamente del origen de clase o nivel cultural, demuestra uno de los síntomas más generalizados: el de la saturación de estímulos y el del desinterés. La no motivación intelectual por el conocimiento es uno de los síndromes de época. No responde a biografías supercargadas de cosas. Hay quien desde crio muestra interés por las cosas de la naturaleza y emprende su colección de mineralogía o su herbario y hay quien, como suele decirse, nace cansado y no ostenta el interés por nada. Un adulto es, en cierta medida, el síntoma de ese prototipo de niño deficitario que ya no quiso aprender ni crecer. Esa versión reactualizada del Peter Pan es preocupante porque a lo que afecta mas es a la comunicación misma. Se pueden seguir escribiendo miles de notas comentando ideas y se puede seguir chocando con miles de silencios o de no-interés en corresponder con notas complementarias o críticas. Teniendo en cuenta que todavía hay quien no se atreve a hablar con desconocidos o con hablantes que no le hayan sido presentados no es extraña ninguna de las rarezas que ocurran en el mundo de las palabras y de los mensajes.

No se puede esperar hablar a gusto de todos. La más perfecta de las combinaciones lingüísticas encontrará sus detractores. A cada enunciado le espera un enemigo. La intencionalidad comunicativa requiere esfuerzos que no se verán siempre compensados y hasta es posible que no se vean nunca compensados. Es una odisea escribirle al mundo y esperar su eco. Arturo Graf dijo que La vida es un negocio en el que no se obtiene una ganancia que no vaya acompañada de una pérdida” .en el habla personalizada como en toda habla (también en los textos generales no dedicados ni pensados para alguien en concreto) hay una dedicación de energía a fondo perdido. Sea cual sea la respuesta e incluso no habiéndola el conjunto de estímulos que llegan en forma de palabras ya tienen el valor de incitación elaborativa.

De las palabras necesarias hay confirmaciones continuas, son necesarias incluso en los extremos en los que no son correspondidas. Leopardi (Recanati 1798-1837), Contemporáneo de Manzoni.. considerado el mejor poeta italiano después de Dante y Petrarca ejemplificó lo que es una vida hecha de palabras[1]. autor de los Canti. que fuera criado como un eremita en la amplia biblioteca de su casa, prisionero de un padre asfixiante y de un cuerpo débil y deforme estuvo fuera del mundo real que quedaba más allá de su ventana con el que dialogaba en sus tiempos solitarios. Solo y necesitado, la falsificación de un pagaré familiar le supuso la ruptura definitiva con sus padres. Murió a los 38a en la miseria frente al humeante Vesubio. Escribió entre 1817-1832 un diario de 4526 páginas. Tras quien escribe desde sus soledades sin esperar ni poco ni mucho, seguramente nada, de las otredades, busca mas la confirmación de ser o de haber sido por sus ideas que no por su recuerdo no dándole tanto valor al otro como a sí mismo. Eso nos llevaría a tratar de explicar el acto de la escritura en tanto que acto solitario (característica común que parte con el onanismo) como un acto fundamentalmente de placer y ego-céntrico aunque tome los temas objetivas como pretexto de habla y a los demás como pretexto para destinarla a alguna parte.



[1] J.Mssot, La vang.VI98

viernes, 19 de noviembre de 2010

Cooperación humana.foros

La cooperación humana. Demagogia y resistencia sinérgica.

Hay distintos modos de entender la cooperación pero todas sus definiciones deberían remitir a alguna clase de praxis de fusión entre la parte que ayuda y la que es ayudada, sin que la energía de aquella sustituya la energía de ésta y, por esta vía, la eclipse. Una nueva línea de solidaridad dentro de las campañas internacionales de ella dentro del marco de cooperación y desarrollo pasa por el criterio de intercambio. Si este no es siempre posible cuando una de las partas está tan falta de todo que está capturada por la necesidad extrema y por el rol de dependencia de todo, sí al menos lo es como opción potencial a la que llegar tras un plan de emergencia.

Por cooperación se entienda la mutua ayuda de las partes tras propósitos coincidentes o comunes. La palabra, sin embargo, etiqueta todo un fenómeno de inversión solidario-económica que busca el beneficio priorizándolo a las soluciones. Además, su unión a la idea de desarrollo prefigura el tipo de cooperación en la que se está pensando. La cooperación y el desarrollo remiten a conceptos distintos en particular cuando la noción de desarrollo presupone no el de la realización humana en unas condiciones dignas de habitabilidad sino a una implementación del modelo superdesarrollado de los países ricos en los pobres.

Una traducción más natural de la cooperación humana es la de la sinergia entre dos o más individuos implicados en un proyecto sea de tipo material o intelectual. Si en el campo de la solidaridad activa que extiende la cooperación a realidades económicamente muy debilitadas ya se han demostrados otros interés y praxis que vienen ocasionando la dependencia endémica de esas zonas al papanoelísmo de los ricos que van a hacer ejercicios de caridad organizada, en el campo de lo cultural también puede suceder algo parecido. Por el momento, un site de foros así llamado (Cooperación Humana) con escasos subscriptores (una treintena en el momento de redactar esto) se ha permitido al menos suspender la cuenta y por tanto la colaboración de uno (Jes Ricart) sin darle ninguna clase de explicación. Antes de eso, la participación polémica en torno a uno de sus varios temas en que las mas de las intervenciones no estaban de acuerdo con las de él, comparativamente más documentadas, críticas y valiosas dentro de un mayor espectro de referencialidades. El análisis al detalle de esa polémica (mientras el webmaster no elimine los textos originarios, tras eliminar tal como ha hecho ya el nombre de su autor) demostrará la insoportabilidad de la disidencia en la apología de la cooperación olvidando que pensar es disentir y que la sinergia de las partes no pasa por el acuerdo de los predicados como por el enriquecimiento reciproco de predicados diferentes. Con ese acto el site se suma a una larga tradición de represores de la palabra de distinto linaje. No hace falta detentar el poder político y pertenecer a una clase dominante que no está dispuesta a compartir o repartir sus privilegios con nadie más para encontrarnos con represores del más viejo estilo. Afortunadamente en el mundo cibernáutico los virtualitas no exponemos nuestras anatomías a los disparos de nuestros adversarios y existen o deberían existir más oportunidades para decir lo que se piensa sin que la brutalidad de la fuerza no nos arranque las lenguas con tenazas represoras. Pero simbólicamente la represión de la palabra o el derecho a continuarla ejerciendo tiene el mismo efecto lesivo para el pensamiento libre que el del inquisidor. A diferencia de éste, el represor doctrinario que no acepta ni formas ni fondos que no le cuadren con sus estilos y dogmas ya no busca confesiones ni conversiones a la fuerza, liquida directamente todo signo de disidencia no sea que el chiringuito de su teoría se le venga abajo. Suprimir la palabra ajena con malas artes y encima no tener el mínimo valor de decirlo es un imponente indicador de la debilidad intelectiva de un tipo de pensamiento que no tolera repartir la escena con otros que no sean de su alcurnia. A eso estábamos ya acostumbrados con el sistema capitalista, en el que nos tocó nacer y en el que estamos condenados a morir, donde distintos tipos de dictaduras y pseudodemocracias se las han ingeniado para no compartir sus gestiones de poder y hacer aparecer a sus disidentes como mal informados o locos para ningunear sus discursos y marginarlos.

Vivimos tiempos en los que los lenguajes caducan pronto y el uso de los conceptos más sublimes y mejor destilados por linajes de pensamiento lúcido caen bajo las manipulaciones de personalidades ególatras que quieren dominar sobre las demás. Se conoce desde antiguo el recurso a varias formas, incluidas las literaturas con terminologías progresistas, con tal de prevalecer en un puesto de dominio. El problema del poder (en cualquiera de sus magnitudes de aplicación) es la falta de ética en la que incurre el gestor de una parcela del mismo no dispuesto ni a compartir la gestión ni a dar entrada a otros estilos de ser, de pensar y de hablar.

Actualmente no hay un solo slogan -dentro de los predicados de ayuda y de invitación a la organización discursiva o cooperativa – que en la práctica que no sea susceptible de ser desenmascarado por sus posibilidades actorales de hacer otras cosas que no tienen nada que ver con sus fines. En el mejor de los casos lo más que podemos ambicionar los analistas de la realidad y de las realidades, de las conductas y de las ideas, es vincularnos a otras aportaciones sinérgicas. No existe la literatura alternativa que proceda de una sola fuente ni sé de ningun referente de sigla o de intelectual nominal con quien sea aceptable en todo lo que dice. Queda la posibilidad de localizar partes con las que simbiotizar o más prudentemente acciones sinérgicas mutuamente complementarias. Pero para eso hace falta una psique predispuesta y no solo una formación intelectiva.

Sinuhé, el personaje de Mika Waltari, dice desde el más extremos de los fatalismos: “el hombre no cambia aún cuando cambien los hábitos y las palabras de su lengua[1]. De ser cierto y de aceptarlo toda discusión es un camelo, es fraudulenta en su propio planteamiento; toda intención argumentística no es más que una decorado, toda elección de un interlocutor un falso hallazgo, y todo interlocutor mismo un impostor. Todo l oque se puede hacer sobre las esferas del debate es seguir atestiguando otro modo de ensamblar las cosas, buscando los comunes denominadores positivos y las síntesis útiles si no para construir una teoría terminado sí al menos para seguir apuntando hacia los siguientes pasos a seguir en un proceso histórico de reparaciones, pero eso tiene bastante de ilusionista al tomar el proceso histórico como algo rectilíneo que tiene un solo camino. En lugar de eso la concepción del futuro no es una sola o ya no lo es. Mientras se vive el presente o los presentes que son dados desde cada realidad (o si se prefiere sub-realidad) podemos seguir testimoniando (y registrando tal como lo hizo Plinio el viejo que fue un compilador) el desenlace de las ideas beligerantes y de los conflictos en pugna entre humanos dejando en segundo lugar si las etiquetas de sus rings hablan de cooperación o de pelea, en todas partes con sonrisas o con dientes afilados, las peleas y las incomprensiones son la constante.

En la cooperación además de ponerse de acuerdo en ayudar y recibir cuestiones materiales si no interviene el factor del intercambio su nombre específico es el de caridad, -ni siquiera el de solidaridad- tal como lo hacen los bancos de alimentos. La cooperación realizada a su máximo desarrollo implica la alteralidad de los roles (hoy me ayudas tu mañana te ayudo yo o al revés) por tanto el intercambio. La sinergia es la forma cooperativa más rica ya que se benefician las partes relacionadas. En la literatura discursiva también concurre o debe concurrir ese factor de intercambio, claro que no siempre es posible beneficiarse de lo poco de nuevo que aportan los demás ni se tiene porque caer en las trampas conversacionales de repetir argumentos a cada principiante que llega con sus dudas o sus objeciones sin haberse formado suficientemente. Cabe recordar a Lingree que dijo que quien no tiene opinión propia siempre contradice la de los demás.

Estamos advertidos: nos toca mirar mucho más lejos de lo que dicen las palabras y no limitar la lectura a ellas sino a sus entresijos, a sus faltas en el decir. Para saber la verdad higiénica de un espacio además de pasar el dedo por los muebles para tomar muestra de si hay polvo toca mirar debajo del felpudo.



[1] p.5 op cit.

Las distintas velocidades perceptivas

Las distintas velocidades perceptivas.JesRICART

Si cada persona es un mundo -como suele decirse- y en todo caso es un individuo distinto de los demás con sus formas diferenciales de análisis e interpretación, consecuentemente es razonable que cada uno tenga su propia velocidad vital, lo que incluye una distinta cuota de insight por lo que hace al mundo que percibe y a los estímulos que le llegan. Para quien da clases sabe que no todos los estudiantes alcanzan al mismo momento la comprensión de la unidad didáctica de ese día. Análogamente para quien está profesionalizado en psicoterapia sabe que las distintas personalidades evolucionan de manera diferente ante un mismo psicodiagnóstico. Para quien ejerce la medicina también sabe que según las condiciones de salud de cada ingresado clínico, por un mismo tipo de traumatismo, se evolucionará más rápida o más lentamente. En definitiva, las distintas velocidades existenciales remiten a las distintas condiciones de sujeto aunque aparentemente el mundo percibido sea solo uno.

Los mensajes intelectuales de este mundo, que ocupan una extensa gama de informaciones, no son traducidos –o aprehendidos- de una manera semejante por todos. La cultura se ha acostumbrado a manejar un volumen considerable de una enorme cantidad de inputs refiriéndolos sin comprenderlos. Las prácticas culturales han extendido la tradición de la fetichización de las ideas que se manejan lo mismo que el sistema productivo basado en el capital y en el beneficio unilateral ha fetichizado las mercancías. En ambos casos se le da un valor a las cosas por encima de su comprensión, e incluso de su necesidad. Dentro de lo culto se ha fetichizado el libro (o el texto) en una equivalencia implícita con que algunas etnias africanas fetichizaban la figura intermediaria entre sus deseos como pueblos y su destino. Ya no estamos en condiciones de exclamar como lo hiciera Bertolt Brecht,empuñad un libro es un arma,” desde el momento en que no es corta la lista de libros que han sido mentalmente peligrosos para la humanidad (Mein Kampf, el Corán o la Biblia). Ni todos los textos contribuyen a la conciencia ni los que contribuyen a ella están al alcance de todos los niveles de saber. De ese reconocimiento se ha derivado la necesidad de adaptar a la capacidad concurrente los contenidos de las tesis, a fuerza de hacerlo es por lo que existe una performance repetida del slogan de tipo comercial frente a la disertación o del microtexto frente al ensayo de una cierta longitud. La hegemonía de la brevedad se viene repitiendo en la apología de políticas donde cada foto de cada líder político en campañas electorales va acompañada de una frase corta que lo representa. Al examinar esas frases simplistas y generalistas que no son mutuamente excluyentes, toca admitir que pasan las décadas pero que el nivel cultural popular medio o bien está estanco o se le trata como si no evolucionara en absoluto.

Los espacios en los que se reúnen escritores y universitarios más predispuestos a la reflexión y a la discusión de pareceres se diría que son o emergen como alternativa al desierto intelectual que exhiben los medios anegados de informaciones. Sin embargo, las exposiciones que aspiran a ir más allá de la nimiedad antes o después son llamadas al orden, entendiendo por orden su demanda a que regresen a la minimización porque su nivel supuestamente elevado no es del alcance de todos. Sucede que nunca todo es para todos sin embargo las partes participan con distintos grados de comprensión y a distintos grados de velocidad de las partes de totalidad a la que llegan. Lo que pasa con la palabra escrita ya se ha demostrado que es lo que pasa con toda señal e imput estimulativo. Si bien puede llegar en su formato y textura a todos los observadores sensoriales que lo captan las interpretaciones son diferentes. El esquema mental, resultante de una posición recursivo-intelectual ante un estimulo dado (una señal de tráfico, por ejemplo), está determinado por una gama de factores condicionantes: desde los pre-conceptos al método interpretativo a la cultura ambiental. Como se ha podido experimentar, una misma señal de tráfico ocasiona comportamientos distintos según las culturas y tradiciones de un continente y de otro. No hay que ir tan lejos: ante una orden tan específica -y diríase unívoca- como “ceda el paso” o “vd no tiene la prioridad”, sigue habiendo a diario multitud de colisiones y conflictos automovilísticos debido a su interpretación distinta. ¿dónde está el problema?¿acaso en la dificultad comprensiva del texto o de la señal? Absolutamente no, lo está en la sensibilidad y emocionalidad que están por encima de lo leído. Esa actitud de obstrucción en la comprensión de lo elemental es, en el fondo, lo que rige en las dificultades comprensivas de lo complejo. El texto más complejo puede desglosarse en unidades participativas que son más simples. Una a una pueden ser entendidas si existe la voluntad de interpretarlas y de traducirlas a equivalencias más fáciles para su asimilación. El cerebro vago (una conocida tendencia neurológica) y la personalidad no luchadora en lugar de procesar lo más complejo para subdividirlo en unidades simples opta por impugnar la totalidad. La diferencia entre la genialidad y la estandarización consiste en implementar ese método de analiticidad de lo más especifico aunque pase por desenmarañarlo de exposiciones más complejas. Como que el ser humano moderno cree nacer sabio confundiendo haberlo hecho en el reino de la abundancia de lo material con una capacidad intelectiva ilimitada se resiste a hacer sus investigaciones ad hoc determinados por un estudio que emprenda. Hay praxis generalizadas en la lectura que demuestran una conexión superficial con los estímulos, que se reconoce como tal pero que no se está dispuesto a subsanar poniendo un plus de esfuerzo. Raramente hay quien lee con un diccionario al lado y de los lectores que subrayan aquellos vocablos que no entienden raramente acuden luego al diccionario para saber exactamente su valor semántico. Lo mismo se puede decir de los autores citados, raramente se acude a ampliar la información que es referida pero no explicada en un texto que se les menciona. De hecho, metodológicamente para leer un texto de ensayo se tendría que acudir paralelamente a otros enciclopédicos para terminar de comprenderlo en su totalidad. Al no hacerlo, las lecturas son incompletas y dejan una vaga sensación de entenderlos a medias. Es cierto. Decir que un texto es elevado dando a entender que no ha sido suficientemente controlado es ya una declaración de no haberlo estudiado acudiendo a otros que lo complementen. La sinergia intelectual pasa por intentar decir en unos textos lo que no ha sido dicho en otros. Si cada intervención verbal no pasara de generalidades el habla todavía estaría más bloqueada de lo que está. Por otra parte cada intervención que habla para quien entiende menos del asunto tratado es un agravio a quien entiende mas y que ya sabe lo otro. A veces quien no alcanza algo haciéndose eco representativo del nivel general de incomprensión lo que en realidad hace es escudarse en ese supuesto bajo nivel para justificar el propio. El no saber no admite apologías y su reivindicación es fraudulenta.

Como que un texto también puede ser tomado como un objeto perceptivo (uno de esos objetos que contienen objetos), la percepción de si es fácil o no, de si es atractivo o no, de si es útil o no, tiene que ver más con las condiciones del sujeto percibiente que del texto mismo. El texto es una mediación entre la realidad (o realidades) de la que trata y quien lo estudia para tener más apoyos o recursos para entenderla. Teniendo en cuenta que toda interpretación de un objeto lo traiciona en su esencialidad aunque esa no sea la voluntad autora las lecturas resultantes son múltiples y contradictorias lo que significa esas velocidades distintas antedichas pero también líneas interpretativas que pueden llegar a ser contrarias entre sí. El problema mayor no es que un lector no entienda un texto a la primera y lo entienda a la tentativa número ene, sino que no lo entienda jamás creyendo haberlo entendido suplantándolo con alguna clase de lectura fraudulenta (es lo que pasa con la teoría de la relatividad y tantas otras de las que se ha oído hablar pero que en lugar de explicarlas se las refiere con generalidades de parvulario). Jean Beaudrillard informa de que estamos en la era de los simulacros. Dentro del panorama de la suplantabilidad. Las grandes figuras de la mayúscula y de la singularidad que han venido adaptando la figura previa de un dios único, tales como la Iglesia el Estado, o los Partidos, viven de una eternidad diferida, una sociedad demorada, y una revolución postergada. Examina la externalidad como un sistema de los objetos dentro de la sociedad de consumo .La realidad real ya no existe, ha sido reemplazada por la virtual. Son las versiones clónicas de los hechos los que llegan a través de las pantallas a los públicos. Lo que ocurre en el mundo real nace socavado en su consistencia ontológica que es atacada quedando atestiguada la disolución que representan las imágenes manipuladas y falsificadas de la realidad virtual: las únicas posibles en una humanidad domesticada por la fantasía mediática ( interpretado así por Vargas Llosa). La inercia sistemática de las ciudadanías ante los estímulos pretendiendo que sean una sola y univoca cosa coinciden con los magnates que las ofrecen para complacencia estandarizada (desde el fármaco a la bebida chisposa, desde el espectáculo de pantalla al bestseller). Todo lo que no sea estandarizable para su consumo amplio y masivo es una inconveniencia para el régimen de los productos. Las inversiones en robotización humana (que no en robótica) dejan fuera el tipo de estímulos que apuntan a la conciencia prefiriendo los que sirvan para la seducción de los sentidos. Por eso, lo percibido es lo que es porque concurre una programación cerebral anterior. Todo lo que queda fuera de los cánones resulta impermisible. Al ser humano (incluso culturizado y con formación libresca) le pasa con los productos intelectuales lo que pasa al oído con respecto al umbral de sonidos. Sabemos que hay animales que alcanzan a oir ultrasonidos que al oído humano se le pasa de largo.

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